La ceguera de taller

Reflexión sobre cómo la familiaridad con un sistema puede impedir ver lo que realmente ocurre dentro de él.

Hace poco leí un artículo que hablaba de algo llamado ceguera de taller.

Describe una situación curiosa.

Cuando algo se vuelve demasiado cotidiano, dejamos de verlo.

Los procesos siguen funcionando.
Las reuniones continúan.
Los reportes llegan puntualmente.

Y, sin embargo, poco a poco el sistema entra en una especie de piloto automático.

En ese estado, lo que antes resultaba evidente empieza a pasar desapercibido.

Los problemas se vuelven parte del paisaje.
Las ineficiencias se normalizan.
Las oportunidades dejan de percibirse.

No porque no existan.

Sino porque el sistema ya no las reconoce como algo fuera de lo habitual.

A lo largo del tiempo he visto este fenómeno repetirse en muchas organizaciones.

En algunos casos aparece con claridad.

Los resultados caen.
La presión aumenta.
El sistema se ve obligado a reaccionar.

Pero en muchos otros casos la situación es más sutil.

La empresa sigue operando.
Los indicadores se cumplen.
Los procesos avanzan.

Y aun así existe una sensación persistente de que algo ya no está funcionando como antes.

Una de las características más interesantes de la ceguera de taller es que rara vez es percibida desde dentro.

Quienes están dentro del sistema suelen estar demasiado cerca de la operación para cuestionarla.

La rutina ofrece seguridad.
La familiaridad reduce la duda.
Y lo que siempre ha funcionado, tiende a asumirse como correcto.

Sin embargo, cuando alguien observa el mismo sistema desde fuera, ocurre algo distinto.

Lo que para unos es normal, para otros resulta evidente.

Lo que para unos es parte del proceso, para otros es una oportunidad.

Esa diferencia no tiene que ver con inteligencia o experiencia.

Tiene que ver con perspectiva.

Con el tiempo, esta falta de perspectiva puede tener un efecto acumulativo.

Las decisiones se toman sobre supuestos no cuestionados.
Los procesos se repiten sin revisarse.
Las mejoras se vuelven cada vez menos frecuentes.

Y entonces aparece algo que no siempre se reconoce de inmediato:

la organización deja de aprender.

La ceguera de taller no es un problema de capacidad.

Es un problema de percepción.

Surge de la rutina.
De la familiaridad.
De la cercanía constante con el mismo sistema.

Y por eso mismo, no suele resolverse con más información.

A veces lo que hace falta no es un nuevo proceso, ni una nueva herramienta.

Es algo más simple.

Hacer una pausa.

Tomar distancia.

Mirar el conjunto.

Porque cuando cambia la forma de observar,

empiezan a aparecer cosas que antes estaban ahí…
pero no se veían.

Rubén Siller
Consejero en transformación empresarial
Monterrey, México

Para quien desee continuar la conversación

Algunas conversaciones no comienzan con un mensaje,
sino con una exploración más profunda.

Conversar ->
Pensar acompañado, sin recetas ni agendas ocultas.

Rubén Siller
Conversaciones para ampliar perspectiva
Monterrey, México
WhatsApp 
Correo: conversar@siller.mx
Linkedin: Rubén Siller

Scroll al inicio